Pensando la vida urbana después del confinamiento

       Defensores de la peatonalidad y de la vida urbana, los miembros de Andando Burgos estamos meditando en nuestras casas sobre lo que deberíamos hacer en el futuro próximo. La situación que nos ha tocado vivir, desconocida por las actuales generaciones, nos está haciendo reflexionar sobre muchos de los temas que nos han mantenido ocupados y preocupados durante tanto tiempo. En esta etapa, aún sin terminar, ya hemos podido leer o escuchar reflexiones, incluso conclusiones (quizá precipitadas), relativas a cómo afecta la paralización de la vida cotidiana a una gran cantidad de actividades que las personas veníamos realizando.

Hay reflexiones de todo tipo y pensadas desde muchos campos del conocimiento; de la sociología, de la psicología, de la politología, de las ciencias ambientales… Algunas de estas reflexiones científicas parecen coincidir en la apreciación de la mejora de la calidad ambiental en las ciudades, de la reducción drástica de contaminantes emitidos a la atmósfera, incluso del libre comportamiento del mundo animal, que parece haber recuperado el espacio perdido. Podríamos decir, que el planeta, está respirando a costa de tal paralización de la actividad humana. Estas observaciones, parecen querer decirnos que, efectivamente, el modelo de vida en el que se sustenta la sociedad contemporánea no parece estar haciendo un favor ni al planeta, ni a la vida que en ella se genera.

       Asociado a lo anterior, situándonos en el ámbito de la movilidad urbana, esas observaciones nos llevan a una conclusión general: hoy más que nunca es necesario insistir en la reivindicación de un cambio de modelo de movilidad y en la búsqueda obstinada de una movilidad sostenible. Sin duda, satisfacer las denominadas “necesidades sociales” en el marco de un determinado modelo económico ha requerido la utilización de una gran cantidad de recursos y espacios, se ha sustentado en los desplazamientos masivos, en recorridos urbanos y suburbanos cada vez más largos, en muchos casos con excesivo carácter individual, en coche. Además, se ha generalizado el transporte de muy larga distancia, en barco y en avión. Pero todo esto genera un alto coste para la salud de las personas (enfermedades respiratorias, cardiovasculares, siniestros, etc.) y un sinfín de externalidades negativas: costes sanitarios, pérdida de productividad, desequilibrio territorial, desigualdad y discriminación social, coste económico general.

       La búsqueda de un modelo sostenible es una cuestión de sensatez, más acorde con lo que ahora nos estamos dando cuenta que son nuestras verdaderas necesidades. Sin caer en el catastrofismo ni en el romanticismo, reparando cabalmente en las necesidades socioeconómicas y en las actividades que las reportan, somos conscientes de que el cambio pretendido requerirá un gran esfuerzo.

No se puede obviar que se producirán algunos cambios sociales en relación con la prevención de epidemias como la actual, en nuestra manera de relacionarnos y también en la forma en la que trabajamos. En definitiva, cambios que comportarán modificar nuestros hábitos, entre ellos, la forma en la que nos movemos.

       Sin duda, los fines de la asociación Andando Burgos, y de tantas asociaciones amigas reunidas en Andando Coordinadora de Asociaciones Peatonales, hoy parecen cobrar más sentido que nunca.

       Algunas de las medidas adoptadas o a punto de adoptar en gran cantidad de ciudades, ponen de manifiesto la necesidad de replantear el uso del espacio público, para dar cabida a las nuevas condiciones sanitarias que habremos de cumplir, entre ellas la más relevante: el distanciamiento social.

Precisamente la forma de entender y diseñar el espacio público (entendido aquí como nuestras calles, nuestras plazas, nuestros parques) ha sido una de las reivindicaciones frecuentes de la asociación. Concepción Sánchez Blanco, en su libro «Infancias Nómadas», hace una apreciación clave: las calles, hasta ahora, están repartidas, no compartidas. Y además entendemos que ese reparto es delirante. El justo equilibrio en el reparto de la sección de la calle no sólo permitirá satisfacer una mejor movilidad, sino también las necesidades de estancia, de encuentro, de socialización. Siempre hemos insistido en ello.

       La nueva situación requiere imaginar un nuevo espacio en tanto soporte de gran cantidad de nuestras actividades. Tendremos que reaprender a convivir sobre la base de las nuevas condiciones. Tendremos que repensar y revalorizar la convivencia, a compartir un espacio público que es de todos y que no pertenece a nadie, y mucho menos, a ningún vehículo. Y será necesario discurrir sobre qué hacer con nuestro espacio para garantizar el gran número de desplazamientos que seguirán realizándose a pie en la ciudad.

En los últimos días hemos conocido las acciones que se están realizando en numerosas ciudades del mundo en este sentido. Los ayuntamientos de Montreal, Oakland, Viena, Nueva York, Londres, Bruselas, Berlín, Bogotá, etc., han comenzado a redistribuir el espacio público urbano (modificando secciones y trazados) en favor del modo universal de desplazamiento, el caminar, así como también en favor del modo ciclista. Soluciones en calzada para las bicicletas, menos tiempo de espera en semáforos para viandantes, incremento de espacio peatonal, cortes de tráfico a coches, etc., son algunas de las medidas ya implementadas o a punto de implementar mediante planes y proyectos rápidamente cavilados.

          En este camino, sin embargo, pierde protagonismo uno de los medios de desplazamiento más democráticos y accesibles para una gran mayoría: el transporte público. En efecto, los medios de transporte público se ven debilitados, precisamente por su principal característica: la capacidad de transportar a mucha gente en menos espacio. Lamentablemente, esa cualidad, se torna en una limitación muy condicionante en estos momentos. Habrá que reflexionar en cómo superar sus limitaciones, pues su necesidad social es indiscutible.

Este camino también evidencia que ningún transporte privado, especialmente el que se ha mostrado como incoherentemente más ecuménico, el coche, no puede ofrecer ningún tipo de garantía para que se pueda desplazar la población, sino solo una parte privilegiada. Más bien debe interpretarse que gracias al transporte colectivo y al andar e ir en bicicleta, el coche ha podido “moverse”. Se podría añadir, además, que en el momento en que los transportes colectivos no puedan sostener su anterior capacidad y nivel de servicio, no habrá, literalmente, espacio suficiente en nuestras ciudades (ni lo puede haber) para seguir dando cabida a un movimiento tan libre de los coches como hasta ahora. En estos días las autoridades están recomendando desplazarse en automóvil, pero esto es meramente coyuntural, no podrá durar más que unos días, y hay que deliberar sobre lo que ha de seguir después.

       Por lo tanto, queda reiterada la idea de tener que redibujar necesariamente nuestro espacio público. Y, como hemos señalado, hemos de repensarlo en tanto espacio de la movilidad de las personas y en tanto espacio de la estancia, la relación y la actividad cotidiana. Esto nos conduce a otras reivindicaciones y observaciones que Andando Burgos viene realizando, invitando a reflexionar a nuestros conciudadanos sobre la vida urbana y sobre el uso y el diseño de la calle. La calle es de todos, de las personas; son las personas las que transitan por ellas, las que charlan en una esquina con seres queridos o conocidos, las que se paran ante un escaparate para elegir producto que comprar, las que se sientan en bancos para descansar o tomar el sol, las que juegan en parques, las que se divierten, las que sufren riesgos innecesarios… en definitiva, es a las personas a las que la calle echa de menos en estos momentos.

       No es baladí, por tanto, reflexionar sobre si, por ejemplo, una plaza ha de estar dotada con bancos, fuentes y árboles o estar repleta de elementos que enajenan el espacio de todos para satisfacción de unos pocos. No es baladí, por tanto, reflexionar sobre si, por ejemplo, es importante o no que la calle esté dotada de elementos que facilitan el acceso a la misma a aquellas personas que, precisamente, en estos momentos, son más vulnerables aún (personas con discapacidad, personas mayores, niños, etc.). La calle que conocemos carece aún de las condiciones precisas para satisfacer las necesidades del conjunto social, de las personas que generan la vida en ella, moviéndose o estando.

       En otro sentido, complementario, Andando Burgos también ha manifestado en innumerables ocasiones la necesidad de un urbanismo de proximidad, de crear ciudad a escala humana: aquella que permita satisfacer un gran número de actividades diarias realizando desplazamientos cortos y reforzando las relaciones sociales de vecinos y comercios cercanos. Como vemos en estos días tan especiales, precisamente son muchos los comercios de barrio que alzan la voz, orgullosos, sin duda, por estar cubriendo las necesidades de alimentación y otros productos a un buen número de ciudadanos de su entorno.

       En esta situación parece necesario repensar también demandas vecinales tradicionales relativas a disponer de más estacionamiento en la calle. En muchos barrios, ahora parece “sobrar” espacio para estacionamiento de coches. Entonces, quizás no sea tan necesario abordar la oferta de espacio para tal fin, sino repensar cómo afecta una cantidad determinada de movimientos en coche, procedentes de otros puntos de la ciudad, vistos ahora, como innecesarios en cierto modo.

En definitiva, parece necesario abordar de otro modo la gestión de la movilidad, planificar el uso del espacio público pensando en el interés general. Advertir que son las personas, y no los vehículos o las infraestructuras, el sujeto objetivo que merece toda la atención a la hora de diseñar y configurar nuestra ciudad. Sí, las personas, para mejorar el medio ambiente urbano, la calidad urbana y dar sentido a la calidad de vida tan buscada en la ciudad.

Andando Burgos, junto a otras asociaciones amigas y en plena armonía con Andando Coordinadora de Asociaciones Peatonales, planteamos y seguiremos planteando medidas encaminadas a mejorar la vida de las personas en las ciudades. Parece, hoy más que nunca, razonable e incluso imprescindible.

Invitamos, por tanto, a que nuestras ciudades, y en concreto, la ciudad de Burgos, tome medidas en este sentido, se sume a las iniciativas de otras ciudades y recapacite sobre las reivindicaciones que en materia de movilidad y de tratamiento del espacio público venimos realizando la asociación Andando Burgos desde su nacimiento.

ASOCIACIÓN ANDANDO BURGOS

Referencias a las Acciones realizadas en las ciudades de:

Ciudad de Oakland

Ciudad de Viena

Ciudad de Montreal

The guardian

Sobre los atropellos en las calles y la culpabilización del peatón

“Y luego dicen que los atropellan”, es una de las expresiones habituales a las que algunos ciudadanos recurren cuando ven a alguien cruzar una calle en la forma que no es “la establecida”, especialmente si se ha producido un atropello en algún momento reciente.

“Y luego dicen que los atropellan” es un credo asociado a un sentimiento interiorizado de especial responsabilidad en el momento de cruzar una calle, frente al de un conductor de un vehículo veinte veces más grande, fuerte y pesado.

“Y luego dicen que los atropellan” es una afirmación que sostienen aquellas personas que, en algún momento de su vida, probablemente cercano al hecho que critican, han cruzado por donde “no debían” y que se exponen al peligro muchas más veces de las que se piensan, a lo largo de sus vidas, y por muchos motivos: porque son personas con problemas de movilidad, porque son personas que no comprenden el entorno en el que se desenvuelven tal y como se piensa de manera general, que ha de ser entendido. Porque son personas que eluden dar rodeos innecesarios hasta el paso alejado y poco útil por donde “se ha de pasar” para poder llegar a un punto cercano de enfrente. Porque son personas que pulsan un botón para poder cruzar y tarda mucho más tiempo en poder cruzar que si no lo pulsan. Porque son personas que pueden portar bultos, carros, sillas de ruedas y lo hacen a una velocidad fuera “de los límites temporales establecidos” que impone un semáforo, no pensado para ellas. Porque son personas que pueden tener hijos o nietos que, en el ejercicio inocente de la libertad que regala la niñez, cruzan por donde “no deben” o inesperadamente, al no ser capaces de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, según han establecido sus congéneres adultos. Porque son personas a las que la vejez ha llamado a sus puertas y su capacidad de reacción está claramente mermada. O porque hay personas que, por muchísimos motivos, pueden sufrir un despiste en un segundo, algo que ya no es visto como una envidiable cualidad.

“Y luego dicen que los atropellan” es una afirmación que esgrimen aquellas personas que probablemente desconozcan que las calles se diseñan con criterios de privilegio para facilitar la circulación de los vehículos, lo que impone a sus conductores una enorme responsabilidad y la exigencia de cautela, tanto a ellos como a quienes critican.

“Y luego dicen que los atropellan” es una afirmación que esgrimen aquellas personas que probablemente desconozcan que las calles se diseñan con criterios de privilegio para facilitar la circulación de los vehículos, lo que impone a sus conductores una enorme responsabilidad y la exigencia de cautela, tanto a ellos como a quienes critican.

“Y luego dicen que los atropellan” incluso tal vez lo dice quien, en un momento determinado, puede cruzar por donde “se debe” y ser atropellado. Y puede ser atropellado porque el criterio con el que se diseñó el cruce peatonal “por donde se debe pasar”, elude la vulnerabilidad del viandante y las condiciones modernas de seguridad vial. Y puede ser atropellado en esos lugares por donde “debe” pasar porque, según la estadística oficial, la mayor parte de los atropellos se producen precisamente en los pasos peatonales, o sea, por donde se dice que el peatón “debe” pasar.

“Y luego dicen que los atropellan”, es una aseveración tradicionalmente reforzada por unas recomendaciones poco acertadas que no hacen sino empoderar al agente más peligroso en la movilidad urbana (por su potencialidad de generar daño), que es el coche. Una cosa es llamar a la prudencia y otra es insinuar que el peatón es el responsable.

“Y luego dicen que los atropellan” es la forma en la que se argumenta que las víctimas pasen a mostrarse como culpables. Una culpabilidad muy discutible que, en todo caso y a lo sumo, sería una responsabilidad compartida.

Claro que aquellos a los que se alude han de ser responsables. Pero también han de ser responsables aquellos que tienen capacidad de gestionar y diseñar nuestras calles y la movilidad que se da en ellas. Han de ser responsables minimizando la fricción entre usuarios, apostando por técnicas de convivencia y respeto. Han de ser responsables aquellos que tienen la obligación de materializar una movilidad urbana sostenible. Todos hemos de ser responsables, pero no culpemos a los más vulnerables. Es injusto y sobre todo no ayuda a la mejora de la seguridad vial.

UN MARATÓN DE LAMENTOS… ¿JUSTIFICADOS?

El maratón es la prueba reina de las olimpiadas modernas y la última que se celebra. Para la mayoría de nosotros tiene un aura sobrehumana, pues incluso ya nos parece un esfuerzo titánico recorrer andando sus 42,195 km. Por eso no deja de sorprendernos la capacidad de esfuerzo y la fortaleza mental de los que se lanzan a la aventura de correrlo. Son famosos los de los grandes capitales como el de Nueva York, Boston, Londres, París, Madrid o Barcelona, por la ingente cantidad de gente que participa y por el impacto económico del turismo que genera. Sin irnos lejos podemos pensar en la Behobia de San Sebastián.

Desde hace ya unos años, se está intentado subir a Burgos al carro de esta prueba deportiva con la celebración de maratones y medios maratones. Dada su bisoñez, el número de participantes es aún modesto, unos 2.000 atletas en la edición del pasado domingo día 13 de octubre del presente 2019, pero sin duda tiene una tendencia al alza.

El día salió en Burgos con nubes y claros, dejándonos una hermosa mañana otoñal y una temperatura agradable para la realización de una prueba que los profesionales realizan en poco más de dos horas, y el resto en bastante más, con un límite de unas 5 horas aproximadamente. El circuito de este año tenía unos 21 km, era casi un homenaje al río Arlanzón y a la belleza de sus colores otoñales.  Transcurría por calles muy céntricas, pasando por delante de la Catedral y por las avenidas cercanas al río, que habitualmente soportan hordas de coches en movimiento perpetuo. Dependiendo de la modalidad elegida, el medio maratón o el maratón completo, se debía dar una o dos vueltas al circuito.

Circuito de la Maratón de Burgos 2019. Un homenaje al Río Arlanzón.

Como es fácilmente entendible, este tipo de eventos deportivos llevan parejos ciertas incomodidades para el usuario del coche y en algún caso del transporte público, por los cortes y restricciones del tráfico que implican. La organización del evento de este año ha sido criticada por el gremio de hostelería y por algún partido político (Diario de Burgos del 16 de octubre de 2019). Seguramente, fruto de un análisis rápido del evento y de algún problema puntual en el acceso o salida a algún hotel.  En todo caso, ponemos en duda la afirmación de que la actuación de la policía municipal de Burgos haya causado trastornos.

Desde Andando Burgos queremos romper una lanza a favor del maratón de Burgos, reconociendo el esfuerzo de la organización por mostrar la mejor imagen de la ciudad y de los corredores por hacer este ejercicio de auto superación que es un ejemplo para el resto de la ciudadanía. Y queremos extender nuestro reconocimiento al resto de pruebas deportivas y eventos sociales y culturales de la ciudad que necesariamente implican limitación temporal del aparcamiento y cortes o restricciones del tráfico motorizado en las zonas en que se desarrollan, pues nos dan a conocer unas posibilidades de uso, estéticas y estanciales del espacio público que de forma habitual nos son desconocidas por el omnipresente tráfico.

El Cid, se puede quitar los tapones de los oídos... y descansar, será el Señor del lugar durante unas breves horas...

Cabe recordar que estos eventos tienen lugar habitualmente en fin de semana, principalmente los domingos, que es cuando se registra menor actividad económica y se produce una fuerte reducción del tráfico en la ciudad. Lamentamos, pues, que no se vea la potencialidad turística y económica del evento, y, lo que es peor, que no se vea el valor intangible de los efectos de la prueba en el bienestar de los ciudadanos… incluso de los que no participan en la misma.

El principal valor es que los coches devuelven una cantidad ingente de espacio, de circulación y aparcamiento, que permite vislumbrar otra clase de ciudad más humana, al reducirse la asfixiante y opresiva presencia de las máquinas.  Pero ocurren más cosas que han de valorarse en su justa medida: la restricción temporal del tráfico en una zona conlleva una reducción global del tráfico en la ciudad y, a su vez, una fuerte reducción del ruido automovilístico (motores, rozamiento de neumáticos, fricción aerodinámica, pitidos). En el caso del maratón del domingo pasado, esto era asombroso, pudiéndose escuchar una maravillosa polifonía de nuestros vecinos alados. De igual modo, bajan las emisiones de todo tipo de contaminantes y en la “zona cero” prácticamente desaparecen. Se esfuma también el impacto visual de los vehículos moviéndose a velocidades incompatibles con la frágil forma humana y la calle se vuelve más segura de un plumazo para mayores y niños. Se llena de una tranquilidad beatífica y una lentitud que intensifica las sensaciones generadas en ese “espacio nuevo”. La posibilidad de andar por zonas de calzada o aparcamiento habitualmente prohibidas, nos regala perspectivas inéditas de calles y edificios, hay una mejora estética de la ciudad. Toda una experiencia. En definitiva, un maratón da para muchas reflexiones cuando se va más despacio y se abren los ojos.

El Puente San Pablo, Maratón de Burgos 2019. ¿Y si probamos a restringuir el tráfico motorizado privado los domingos?

Todo lo anterior y otros efectos que se nos escapan a buen seguro, son de difícil cuantificación frente a la que parece ser la única escala en la que se valora la realidad, la crematística.  Sin embargo, es indudable que generan, aunque sea brevemente, un espacio de mejor calidad ambiental y una mejora transitoria de la salud física y emocional de los ciudadanos.

En relación todo esto, proponemos lo siguiente:

  1. Para paliar las molestias a los huéspedes de los hoteles, la patronal hostelera podrían acordar un protocolo de salidas y llegadas con la policía local, así como la información que debe darse. Entendemos que no debería ser difícil.

  2. No deben sacarse fuera de la ciudad estos eventos, pero tampoco deben centrarse exclusivamente en el centro.

  3. Estúdiense los efectos del maratón y otros eventos similares. Compárese el volumen de circulación con y sin estas restricciones en domingo. Confróntense los valores de polución de las estaciones de medición. Estúdiese el efecto en el transporte público. Tantéese el posible uso de las restricciones dominicales del tráfico y aparcamiento en diferentes zonas de la ciudad.

Calle de la Merced desde Puente Santa María. La ausencia de ruido era indescriptible.

«CAMINA CON NOSOTROS» ACCIÓN SEM2019: «Mejor por aquí, ¿no?»

El sábado 21 de Septiembre realizamos un nueva acción titulada

«Mejor por aquí, ¿no?»

Esta acción pone el foco de atención en una situación que se da en un lugar céntrico de la ciudad con gran afluencia de viandantes, el paso del puente de Santa María.
Hemos pretendido prefigurar lo que sería un futuro paso peatonal directo, que no haga andar de más al peatón. Este paso de peatones se convertiría en un camino más directo, cómodo y lógico.
Con la localización del paso de peatones actual se tiene que andar y esperar en una acera muy estrecha cerca de una vía con tráfico intenso. Con esta acción intentamos mostrar la necesidad de repensar el diseño del cruce peatonal, incrementando uno de sus lados y mejorando la calidad de las zonas antes del cruce.
Se realizará una petición oficial de la creación de este nuevo paso de peatones, incluida la ampliación de la acera actual. ¡Ojalá tengamos suerte!
La acción ha quedado registrada en el inventario oficial de acciones durante la Semana Europea de la Movilidad de 2019, de la Unión Europea.

 

«CAMINA CON NOSOTROS» ACCIÓN SEM2019: «Te la juegas, si pasas por donde «debes»»

El día 21 realizábamos una nueva acción:

Te la juegas, si pasas por donde «debes»

A las 12:00 h hacíamos una representación diferente, y cambiábamos el «chic» de humor con el que veníamos denunciando otras problemáticas durante la semana, para denunciar el gravísimo problema que suponen los atropellos en la ciudad. Algo más del 60% de atropellos, se producen en los propios pasos de peatones. Intentamos elegir una escenografía impactante y que sugiriera reflexión.

 Agradecemos el apoyo policial durante las realización de la acción

«CAMINA CON NOSOTROS» ACCIÓN SEM2019: «A sus puestos, listos…o no te da tiempo»

El día 17 llevábamos a cabo una reivindicación titulada:

A sus puestos, listos…o no te da tiempo

Acción dirigida a denunciar el escaso tiempo de paso designado para cruzar algunas calles de la ciudad.

Los ciclos semafóricos están calculados fundamentalmente para satisfacer las necesidades de circulación de los distintos flujos vehiculares que acceden a un cruce. Así, el tiempo de espera de los viandantes, así como el tiempo dispuesto para que estos crucen, son el resultado residual de esos cálculos pensados para los coches.

Podemos comprobar cómo diariamente, hay personas que tienen que acelerar la marcha para concluir el cruce.
Reclamamos más tiempos para pasar y menores tiempos de espera.

«CAMINA CON NOSOTROS» ACCIÓN SEM2019: «Caminante, no hay camino…»

El viernes 13  llevamos una acción cómica reivindicativa titulada:   

«Caminante, no hay camino…«

Con esta acción denunciamos que numerosos recorridos peatonales en Burgos están entorpecidos por barreras que solo favorecen el desplazamiento en coches. Es necesario repensar los itinerarios peatonales. Exponemos el caso concreto de la interrupción del Camino de Santiago en la Avda. Cantabria, pero entendemos que también es una situación que perjudica a la movilidad peatonal cotidiana.  

Os dejamos con el video, espero que os riais con él y os haga reflexionar sobre las prioridades en el diseño del espacio público, ¿trayectos peatonales óptimos o movimiento de coches a altas velocidades?.

«CAMINA CON NOSOTROS» ACCIÓN SEM2019: Bici inocente… diseño culpable.

El viernes 13  llevamos una acción cómica reivindicativa titulada:   

«Bici, inocente…diseño, culpable»

Con esta acción, denunciamos no solo el diseño inadecuado de la zona en la que hemos «actuado», sino el error de concepción con el que se quieren plantear nuevas intervenciones para completar la red de vías ciclistas. Las aceras bici siempre han aparecido en los manuales técnicos como herramienta puntual y muy justificada. Lamentablemente en nuestra ciudad es un diseño generalizado, que no beneficia ni a ciclistas ni a viandantes.

Las aceras bici son un error del pasado y un problema en el presente. Inseguras para los peatones e igualmente para los ciclistas.  Infraestructuras que ningunean a los dos modos activos, que son los más sostenibles y los más vulnerables.  Creando de un plumazo un muro de incomprensión mutuo, por no tocar el sacrosanto espacio del coche o por no modificar las reglas de cómo ha de moverse por la ciudad, es decir bajar su velocidad.  

Os dejamos con el video, espero que os riais con él y os haga reflexionar sobre la distribución del espacio público, especialmente a políticos y técnicos municipales.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad