El Arco del Amparo lleva años sufriendo la indisciplina e incumplimiento de las normas de circulación y, en los últimos días, el impacto de una obra que, quizá, se podría haber planificado mejor, pensado en la afección al conjunto de usuarios.
TODO TIENE UN POR QUÉ. ORIGEN DE ALGUNO DE LOS PROBLEMAS
Con la ejecución de los sucesivos tramos del Bulevar Ferroviario, especialmente cuando se ejecutó uno de ellos, entre calle Santa Dorotea y calle Gumiel de Izán, el eje Gumiel de Izán-Calle Reina Leonor, quedó como una salida provisional (ya que ahí, finalizaba el tramo de la nueva vía). De hecho, la rotonda que hoy en día usamos de manera naturalizada (en la intersección de dicho eje con la Avda. Palencia –Glorieta Miguel Ángel Blanco-), fue pensada como una forma de dar solución a aquel escenario provisional.

Nada más lejos de la realidad. Aquella provisionalidad, se consolidó y hoy en día tenemos coches por el bulevar, por dicho eje, y por todo el entramado urbano de la zona. Es más, posteriormente, se decidió ampliar la capacidad de la Avda. Palencia (o como quiera que se llame, ya que cambia de nombre a medida que nos movemos hacia el oeste). Esto es, desdoblar cada sentido de circulación entre dicha glorieta y la nueva de San Amaro. Un desdoblamiento que nada solucionó, pues si uno circula por ese tramo, enseguida se da cuenta de que todo el mundo utiliza los carriles derechos, dejando los izquierdos tan sólo para adelantamientos precipitados y arriesgados. Pero no solucionan el nivel de servicio de la vía (algo muy técnico pero que da cuenta de la comodidad de circulación, por simplificar la explicación).
Cabe señalar que los tramos anterior y posterior, sólo tienen un carril por sentido. Ergo, aquella solución, no pareció la más acertada.

Otra consecuencia de la provisionalidad de llevar la circulación por el eje Gumiel de Izán-Calle Reina Leonor, la sufre la intersección entre ésta última calle y la Avda. Monasterio de las Huelgas. La semaforización de dicho cruce, con accionamiento de fase peatonal mediante demanda, hace que los tiempos de espera peatonal sean insufribles, en un entorno, aparentemente pacificado y de red viaria local.

Algo similar ocurrió con la calle Arles. Donde a día de hoy, algún despistado sigue haciendo uso de la misma como atajo, pese a la obra de ampliación del bulevar, que todo lo solucionaría.
Para dicha calle y su entramado, ya propusimos una serie de ideas para que, toda vez se habilitara la alternativa viaria (nuevo tramo del Bulevar), esta zona quedara totalmente calmada y para uso exclusivo de residentes y usos concretos. Jugar con los sentidos de circulación es una herramienta altamente eficaz. Habría de complementarse con otras medidas de diseño, que exceden el objetivo de este análisis. No obstante, animamos al Ayuntamiento de Burgos a tener en consideración estas ideas.

INCIVISMO E INCUMPLIMIENTO DE LAS NORMAS DE TRÁFICO
La señal dispuesta a la entrada de la calle Arco del Amparo, es clara. Pero su incumplimiento, no nos engañemos, no sólo es debido al incumplimiento individual de la norma (por otro lado, habitual). Quienes velan por que se cumpla, tampoco han hecho mucho en los últimos años. Se ha dejado consolidar un hecho, como otros tantos.

Asimismo, también era habitual el uso de no residentes a la zona. Una zona, demandada a nivel ocio, especialmente los fines de semana. La pregunta sería: ¿se puede disfrutar del ocio, sin llenar la calle de coches?. Nosotros pensamos que sí.

ALGUNAS PROPUESTAS
Entre el abanico de soluciones, está claro: primero, cumplimiento de la norma. Ésta es clara y no hay lugar a dudas. Segundo, ¿podríamos pensar en una modificación de sentido de circulación?. Hablen con los vecinos, pero la estrategia de los sentidos de circulación es viable especialmente para eliminar el tráfico de paso, (o de agitación), no necesario. Es decir, dejar el tráfico estrictamente necesario. En tercer lugar, algo factible. Sin modificación de sentidos de circulación, se podría pensar en la instalación de bolardo, tal y como han solicitado los vecinos, para garantizar el paso a los vehículos estrictamente necesarios y autorizados. Algo fácil.

Otra opción complementaria a tener en cuenta:
Por otro lado, ¿podría ser más oportuno, dotar de señal S-28 al tramo?. Aparentemente, la actual señal R-410 deja claro la circunstancia de uso peatonal, pero la señal S-28 deja claro el límite de velocidad de circulación, si es que queremos que sigan pasando vehículos. Además, deja claro qué más usos se pueden dar en este tramo, además del circulatorio. Obviamente, la señal no hace milagros y es necesario complementar con actuaciones físicas y acertar con un diseño urbano que contribuya a que se cumplan estas prescripciones de la señal.

PLANIFICACIÓN DE LA OBRA. AFECCIÓN A USUARIOS
Las grandes obras siempre se plantean con esta premisa. Afectar en la menor medida posible a los usuarios, sea el propio tráfico, sean peatones, sean ciclistas, transporte de mercancías, etc. En función de la duración de las obras, la afección puede llegar a ser insostenible. Por eso, se piensa en la movilidad general y en los usuarios, también desde un punto de vista social y medioambiental. Por ejemplo, el ruido o el polvo, o residuos, es un impacto a minimizar durante las obras. Según hemos conocido en los medios, muchos vecinos ya alertan del problema del ruido y de las vibraciones.
En este ámbito, también encontramos soluciones en las que pensar:
1.- En ejecutar el nuevo tramo a media sección (o medias calzadas en argot técnico), y habilitar un carril para que actúe de forma alternativa.
Es decir, trabajamos primero un margen y cuando esté acabado, el otro. Pero no cerramos en su totalidad el tramo. Esto es una práctica habitual en rehabilitación de carreteras de escasa anchura o en autovías, donde se habilita siempre una de las calzadas.
2.- Aunque no es lo deseable y pese a que Andando Burgos ha demandado soluciones inmediatas de pacificación en el Camino San Zoles, durante este periodo de obras se podría pensar en habilitarle al tráfico. Y permitir una conexión regularizada en su punto final. Al fin y al cabo, es un viario preparado. A diferencia de calle Arco del Amparo. Eso sí, de adoptar esta solución, habría que adoptar igualmente, medidas de pacificación y entender que es un tramo en el que hay personas caminando o pedaleando. Posteriormente, habría que reconfigurar este viario (no necesariamente mediante una gran reurbanización; tampoco es necesario), y asimilarlo como una vía de uso preferente de ocio. No obstante, esto merece un análisis exhaustivo.

3.- Alternativas de desplazamiento durante las obras. Mediante información e implementación de soluciones a determinados recorridos, para reducir determinados desplazamientos en coche, podría haber sido una solución. Al menos, haber trabajado con vecinos de las zonas más afectadas, a fin de recopilar ideas y soluciones factibles durante este periodo. Quizá la mesa de movilidad o la reactivación del consejo de movilidad, tal y como hemos demandado constantemente, hubiese sido el foro más apropiado para ello. Igualmente, señalamos como idea, que ninguna obra más, a partir de ahora, se ejecute sin tener en cuenta la voz de los afectados.
EL MODELO DE MOVILIDAD URBANA Y LA PARADOJA DE BRAESS
Insistimos: el modelo falla. Es decir, la movilidad urbana se ha sustentado en la idea de que el tráfico es lo principal. Pero no es así. Pensar en tráfico, trae más tráfico y eso está más que demostrado en la literatura especializada. Ya advirtió de ello Colin D. Buchanan, que en 1963 dejó claro cuáles eran los efectos del tráfico en las ciudades (recomendamos la lectura de “Traffic in Towns”). De ahí la insistencia de ir hacia la Movilidad Urbana Sostenible.
Uno de los efectos del tráfico y de pensar en él, como único elemento de la movilidad, es la creación de más y más infraestructura para acomodar el mismo. Y está comprobado que esto no da buen resultado. De hecho, se ha comprobado en multitud de ocasiones, que habilitar más caminos o vías de circulación, genera un problema: no resuelve el tráfico y lo vuelve más complicado. Esto es, en resumen y de forma sintética, la Paradoja de Braess.
Y esto es lo que está pasando en la calle Arco del Amparo o en eje Gumiel de Izán-Reina Leonor: cuando una vía que se entiende como “atajo” parece más rápida, al ser elegida por muchos conductores, se provoca una saturación rápida y el tráfico total empeora.
EN CONCLUSIÓN
La calle Arco del Amparo no puede ni debe soportar los impactos de la obra de ampliación del Bulevar. Ni por sus características, ni por sentido común al afectar en numerosos aspectos a los residentes.
Podemos estar a tiempo de reconfigurar la planificación de obra, de tal forma que se minimice la afección a usuarios y a calles que debieran estar eminentemente pacificadas.
Tener tráfico por todos los lados, no es ni eficiente, ni deseable. Abordemos soluciones en la línea de los principios de la movilidad urbana sostenible, (tal y como establece la nueva Ley 9/2025) e implementemos éstos, hasta en la forma de ejecutar las obras.
NOTA FINAL: También es criticable la solución final planteada para el nuevo tramo del Bulevar, especialmente en términos de movilidad peatonal, pero trabajaremos este asunto en otro ámbito.
ASOCIACIÓN ANDANDO BURGOS
28 de marzo de 2026


